El pásado miércoles 10 de abril, se procedió a la quema de cartas de San José en el patio del colegio. A continuación se relata el origen de este hecho, que con el paso de los años, se ha convertido en una tradición de los colegios la congregación Madres de desamparados.

Una pobre mujer, enferma de una mano, llegó un día muy atribulada a encomendarse al Santo pues su enfermedad no tenía más perspectiva que una amputación de la misma. Para que su petición estuviese siempre presente, pidió permiso a una Madre para dejarle una nota escrita a los pies. La religiosa no vio en ello nada malo y se lo permitió…  Pocos días después la mujer volvió contentísima a dar gracias a Dios porque por la intercesión de San José le había conservado su mano, que tanto necesitaba para poder trabajar. Muchos devotos imitaron a esta sencilla obrera, escribiendo cartas a San José. La forma de peticiones escritas proliferó rápidamente y sin estar terminada la obra acudían muchas personas a pie o en carruajes, para encomendarse en todos sus problemas al santo.  Aquí comienza un hecho que ocupa un lugar muy importante dentro de la historia del Santuario, porque ha marcado de forma particular la devoción que la gente profesa a San José de la Montaña.

         Son muchos los comentarios que la devoción a San José de la Montaña suscitaba en Barcelona. En mayo de 1903 se quemaron 3.328 cartas, que provenían no sólo de la ciudad condal, sino que esta práctica se había extendido por todo el país.

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